Maternidad en el siglo XXI

Hoy compartía con mi hijo una reflexión(como tantas veces) sobre lo que habían dicho en un programa de radio: “Prefiero un café a que me digan que me quieren”. Conversaban sobre las necesidades que según una encuesta realizada en Gran Bretaña, detectaban los encuestados en su vida. Entre sus respuestas aparecía la calefacción, buena conexión de Internet, un coche…Las que cubren las necesidades básicas con bienes materiales, pero a la vez, aparecía alguna como que te digan que te quieren.

Al escucharlo, me parecía que las personas estaban avanzando en la concepción de lo necesario, incluyendo al otro en sus necesidades vitales, la necesidad de ser querido, de afecto, de tener contacto interpersonal.

Pero cuál ha sido mi sorpresa cuando los tertulianos no entendían que el hecho de que te digan que te quieren sea una necesidad, incluso uno afirmaba: “prefiero un café a que me digan que me quieren”. No me lo podía creer, un café, sólo, que me mantenga despierto, ¿para qué? ¿Para ser yo? ¿Para cubrir mi necesidad de estar alerta?

Cuando lo he comentado con mi hijo, él tampoco lo entendía, explicaba (con 9 años) que él era capaz de vivir sin calefacción pero no sin compartir el amor con su madre y su padre, que el café alimenta el cuerpo, pero que el amor o el que te digan que te quiero, alimenta el alma.

Justo antes veíamos en la televisión el programa Página 2, donde dialogaban sobre el libro Ordesa, cuyo argumento es la relación familiar padre/madre, hijo/hija. Le explicaba que hace un tiempo los hijos no podían expresar lo que opinaban, que en muchas ocasiones se debía obedecer por miedo, por obligación o por necesidad. Entonces se creaban rencores, malos entendidos entre los miembros de la familia que creaban patrones de conducta familiar repetidos.

Mi hijo me decía que no veía nada en nosotros negativo, que nos quiere como somos, que es muy feliz y que somos los mejores padres que puede tener.

Igual os parece muy ñoño todo esto, pero cuidar un hijo significa dedicar tiempo a hablar con él, a reflexionar sobre lo que te ocurre, lo que le pasa, darle espacio para que se exprese, compartir momentos sin mayor pretensión que SER.

Esto, se ha de regar cada día, para que crezca fuerte y sano, que a pesar de todo lo que ocurra, sepa cómo son sus raíces, donde sujetarse desde el amor, la felicidad por lo compartido, la comprensión. Que crezca y de cobijo a  otras personas de su alrededor (como su amigo hoy, el que necesitaba apoyo emocional ante una operación). Que sepa mostrarse tal cual es, sea aceptado, y se mire en espejos reales, verdaderos.

Sé que todo lo que compartimos irá con él siempre, y recordará a su madre desde el cariño (aunque nos quedan etapas de incomprensión y dudas), pensará en su madre y recordará una infancia llena de cariño, tiempo y momentos divertidos (el autor de Ordesa decía que esto se consigue cuando los padres ya no están).

Entre la conversación de la radio y la que he mantenido con mi hijo, veo un cambio generacional, cambio de perspectivas, de creencias. Confío en que esta generación conozcan sus emociones, practiquen la meditación, y elijan mejor a sus representantes políticos, para que de verdad consigamos una concepción global sostenible ecológica y emocionalmente.

Será que es primeros de año, y estoy todavía con los sueños para 2018, pero siento en el ambiente que un cambio se está produciendo ya.

Hoy he escrito desde el corazón, sin tips, sin frases hechas, con la única voluntad de compartir un hecho vivido, y si te inspira, me alegraré de que resuene en ti (si no, tranquilo, es simplemente lo que me acaba de suceder).

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6 respuestas a “Maternidad en el siglo XXI

  1. Por el momento aún soy hija, ya que pronto pasaré a ser también madre y lo que más valoro de mi infancia (25 años) es que mis padres me permitieran ser. Me permitieran reflexionar, tener mi opinión y darme la libertad de compartir lo que siento siempre, esté quién esté porque eso será lo que me guie. Por la parte que me toque, gracias por ser una madre consciente e inspiran a todas las que vengan detrás.

  2. Gracias Andrealleine, seguro que serás una madre maravillosa, lo mejor que le podemos regalar a nuestros hijos es querer ser madres. Existen estudios que afirman, que desde el hecho de la concepción, las neuronas actúan de manera diferente si es un hij@ deseado o no. Así, que tengamos muy presente que somos madres desde el principio, para dejar claro a nuestros descendientes que les queremos, si no, el camino que les ofrecemos es muy complejo. Un saludo

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